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Crónica y Novela Negra

Crónica y Novela Negra


  • 12-hombres-sin-piedad Doce hombres sin piedad

    1) Un hombre, Lluís Corominas, casado con una miembro de una acaudalada faimilia, los Tous, y responsable de seguridad de la misma. Pocos días después de que la familia sufriera un robo en su casa, y mientras juega con sus hijos, el vigilante de seguridad le avisa de que hay unos presuntos asaltantes que merodean alrededor de su casa. Corominas sale con una pistola y dispara a los merodeadores, dos albano-kosovares, matando a uno de ellos. En el maletero,  llevaban un ’kit de butronero’: mazas, puntas de hierro, hachas, martillos hidráulicos, inhibidores de frecuencia y emisoras, nada menos.

    2) Otro hombre, Jacobo Piñeiro, acabó con la vida de dos homosexuales a los que había conocido y a los que había acompañado a su vivienda. Aseguró que los mató por «su miedo insuperable» a ser «violado y asesinado».

    3) Una mujer, Dolores Vázquez, reconocía abiertamente su odio por la adolescente Rocío Wanninkhof, a quien culpaba de la ruptura de la relación sentimental que mantenía con su madre. Cuando Rocío apareció asesinada, varios testigos vieron a Dolores apuñalando una fotografía de la chica de los carteles de búsqueda. Hallaron, además, ropa y ambiguos restos biológicos de Rocío en el maletero del coche, que Dolores justificó por la anterior relación familiar con la chica.

    ¿Qué tienen en común estos tres casos? Pues que en todos ellos, la justicia que aplica la ley y la que aplicaría la mayoría de la ciudadanía difieren. Y el jurado popular, institución que se instauró en España en 1995 y que recoge más o menos el sentir popular sobre los sucesos, ha optado en los tres casos por conclusiones muy distintas de las que decidiría un juez aplicando la fría ley. Hasta tal punto, que en los tres casos los jueces han anulado las sentencias del jurado por considerarlas equivocadas, acogiéndose a la particularidad de la ley española que exige que las conclusiones del jurado sean al ‘modo escabino’, es decir (y simplificando) la decisión debe estar argumentada.

    Y, ¿qué dicta el sentir del pueblo? Pues suele ser mucho menos comprensivo que los jueces con violadores y asaltantes, por ejemplo, imponiendo penas mucho más duras, y en cambio simpatizar con un acusado como el del caso Tous, que actuó en defensa de su família. Así, para horror de los jueces, en el caso Tous el jurado absolvió al acusado, en el caso Dolores Vázquez la condenó sin apenas pruebas porque el sentido común, o los prejuicios, les hacía estar seguros de que era la culpable; y en el caso de los dos homosexuales asesinados, también absolvieron al acusado simpatizando con su terror insuperable de ser violado.

    ¿Debe suprimirse el jurado popular? Discutible, aunque yo personalmente estoy a favor. Pero, si no se suprime, ¿pueden los jueces anular las condenas porque no las encuentran ajustadas a derecho? según nuestra legislación, sí, pero desde luego no parece juego limpio.

    Y, a propósito de la institución del jurado, tan desconocida que muchos saben más de los jurados americanos por películas como la que da título al post que del nuestro propio, propongo un breve test a los lectores para descubrir lo que sabéis sobre el tema:

    a-¿Cuantos miembros tiene el jurado español?

    b-¿Hay suplentes o sencillamente no pueden faltar pase lo que pase?

    c-¿Puede juzgar delitos como la inducción al suicidio o el aborto?

    d-¿A partir de qué edad puedes ser jurado?

    e-¿Ser mayor de 65 años es una excusa para escaquearse si se toca ser jurado?

     

     

     

    Respuestas: a, nueve; b, sí, dos; c, no; d: 18 años; e, sí.

     


  • colin El final de un asesino en serie de homosexuales

    En 1993, sembró el terror entre la comunidad gay de Londres. Llamó a la policía y anunció que asesinaría a un homosexual cada semana, amenaza que además cumplió durante cinco semanas, en las que torturó y mató a cinco hombres de entre 33 y 47 años (por 37 de él).

    La policía lo cazó relativamente pronto, porque su modus operandi era bastante previsible: escogía  a todas sus víctimas en un local gay,  les proponía juegos sadomasoquistas, y cuando estaban indefensos les torturaba hasta la muerte. Las cámaras del metro, que lo habían grabado en la estación de Charing Cross con su última víctima, le delataron.

    Él -se llamaba Colin Ireland-, iba a los bares “solo” para asesinar; era heterosexual, tenía dos divorcios a sus espaldas y mucha ojeriza a los gays.- Pero, según confesó, no les mató por eso sino únicamente para hacerse famoso, y convertirse en serial killer era su ‘buen propósito’ de fin de año de 1992.

    Esta semana, ha fallecido en la cárcel británica en la que estaba encerrado, aparentemente de muerte natural, a los 57 años.


  • viud ¿Tienes mentalidad de psicópata?

     

    “Una mujer está en el entierro de su madre (que ha muerto joven) junto a su hermana, y de repente ve un hombre muy atractivo apoyado en un árbol del cementerio mirándola fijamente. Está lloviendo y ella se acerca a él para refugiarse en su enorme paraguas negro.  Durante los días siguientes lo sigue, lo busca, lo ve… y poco a poco se enamora locamente de él, pero nunca le dice nada. Un día, le pierde la pista. Lo busca sin éxito y pasan varios días sin volver a verlo. Un buen día la mujer mata a su hermana”.

    ¿Por qué la mata?

    La mente del psicópata es uno de los misterios insondables -de momento- a los que se enfrentan psiquiatras, psicólogos, criminólogos, médicos y legisladores (otro día hablaré del apasionante caso Gage, que arroja mucha luz sobre el tema). Los hay, los ha habido y probablemente los habrá en todas las culturas (en algunas ancestrales, se les bautizaba muy gráficamente como ‘el loco no loco’). La característica que más los define es la falta de empatía y la incapacidad para comprender el sufrimiento ajeno, son, por así decirlo, incapaces de sentir y se mueven solo por su propio interés. Este juego que propongo arriba, superconocido, es un presunto ‘detector de psicópatas’: si la población normal da varias posibles explicaciones de por qué la mujer mata a la hermana, en el caso de los psicópatas un porcentaje abismal dan la misma explicación. ¿Alguien quiere jugar? Os doy la solución en unos días.


  • deu Diez cosas que me gustan de Diez Negritos

    Ya hablé en otro post de la mala fama que tiene Agatha entre muchos amantes del género, así que imagino que mi obsesión con esta novela en concreto tendrá un recibimiento muy gélido entre los lectores… sin embargo uno no escoge sus obsesiones (¿o sí?). Quiero dar un

    AVISO a quienes no haya leído la novela para que no lean este post porque les descubrirá el final y la trama entera. Dicho esto, el decálogo:

    1. Por la comida: por si tuvieran pocos problemas, la comida es britishiiiiiisima y horrible. En especial cuando quedan ‘pocos negritos’ y, para evitar envenenamientos, los supervivientes solo comen lengua en conserva de latas que abren ellos mismos. El último día, dos de ellos, Philip y Vera, ni siquiera comen porque la perspectiva de comer MAS lengua les da náuseas.

    2. Por lo rácanos que Agatha presupone que puede ser un grupo de ingleses de todas las edades y condiciones sociales. El anzuelo con que les captan a casi todos hasta la Nigger Island es una carta en la que una persona con una firma ambigua les invita a unas vacaciones gratis. Aunque no tienen muy claro quien es, no falla ni uno.

    3. Por delatora y por lo que deja vislumbrar de la época y su tremendo racismo: Lombard está en la isla por haber dejado morir a decenas de africanos, y pese a que los otros nueve ‘negritos’  ‘solo’ han asesinado a una o dos personas, hay un par de personajes que quitan hierro a lo de Lombard: “Solo eran nativos”. El propio título de la obra ha sido cambiado en varias películas, ediciones posteriores e incluso un videojuego temático por sonar racista: en algunos, por ejemplo, la Isla del Negro pasa a ser La Isla del Náufrago, y los Diez Negritos, Diez Marineritos. Lamentable..

    4. Por Vera Claythorne. La institutriz es el personaje al que Agatha más acompaña a lo largo del libro y como nos muestra su miedo es el único que SABEMOS que no es el culpable. Vera somos un poco todos. Una de las asesinas menos justificables -mata a un niño nada menos-, y sin embargo es una superviviente y pese a ser valiente, el terror la va ganando. Y porque el lector tiene la secreta y moralmente ambigua esperanza de que esta asesina de niños se salve.

    5. Por el te. Pase lo que pase, que no falte el te. Quedan pocos negritos y lo preparan juntos para vigilarse mútuamente, pero se sirve el te, corriendo además las cortinas para ‘alegrar la habitación’.

    6. Por las frases-pista. En un par de ocasiones, Agatha nos da un párrafo de lo que pasa por la mente de cada uno de los presentes: obviamente uno de ellos es el asesino. Una pista y una muestra que, por lo menos en esta novela, la mujer jugó bastante limpio, porque descartando un par que pueden adjudicarse a un personaje, la lista de sospechosos para el lector se reduce bastante.

    7. Por Blore. Aunque al contrario de lo que pasa con Lombard y Vera, ningún lector alberga esperanzas de que el tosco William Blore salga vivo de la isla, es uno de los más simpáticos y su crimen uno de los más patéticos: deja que un pobre inocente cargue con una culpa que no era suya solo para ponerse una medallita laboral.

    8. Por el orden de los crímenes. En su nota de confesión, el juez Lawrence Wargrave explica que seleccionó una serie de crímenes y planificó los diez asesinatos en un orden moral: los crímenes más deleznables merecerían que el autor muriera de los últimos, es decir, sufriendo más. Y el orden, que imagino que Agatha comparte, supone entre otras superinjusticias que el que menos sufra sea Tony Marston, que mató a dos niños conduciendo a alta velocidad y que reconoce no arrepentirse lo más mínimo.

    9. Por Philip Lombard. Es listo, es valiente, es muy masculino, sospecha del juez desde el primer momento y es precavido, y el feísimo crimen que cometió lo cometió por su propia supervivencia. Si alguien merecía salvarse era él.

    10. Por el clasismo galopante. En la isla hay ocho invitados y dos criados, pero eso es a priori. Enseguida queda claro que todos han sido engañados para atraerles allí, y en ese sentido, llama muchísimo la atención que todos den por supuesto que los criados deben seguir cumpliendo con su cometido. Es decir: en cuanto se dan cuenta de que es una trampa mortal, el criado Rogers sigue sirviendo la comida y recogiendo la casa. Incluso cuando el hipocritín del juez sugiere: “Encerrémonos todos en nuestras habitaciones hasta mañana así no morirá nadie”, excluyen a Rogers y es precisamente yendo a cortar la leña mientras todos se encierran en sus habitaciones cuando le matan. En el colmo de la suficiencia, cuando asesinan a su mujer -la segunda víctima-, el doctor pide a los otros ‘excusar a Rogers’ por la comida, por “las circunstancias” y pasa a contarles que la mujer ha muerto, solo cuando ya han dado cuenta del desayuno -que Rogers ha tenido que preparar-.


  • highsmith_y-su_mc3a1quina Patricia y Ripley

    Para deshacerse de un embarazo no deseado, su madre bebió reiteradamente aguarrás, pero la cosa no funcionó y, para fortuna de los amantes de la novela negra, Mary Patricia Plangman, posteriormente Patricia Highsmith, nació en un pequeño pueblo Texas en 1921. También por fortuna, siendo apenas un bebé la madre la llevó a Nueva York, donde pudo dar rienda suelta a su voracidad literaria. Los asesinatos, la psicopatía, los remordimientos del criminal y el arte del engaño le interesaban sobremanera desde la niñez, y leyó prácticamente todo lo que cayó en sus manos sobre ello.

    A los 30 años, Patricia, ya licenciada en literatura y con varios relatos publicados, alcanzó la fama con Extraños en un tren, que Hitchcock llevó al cine con gran éxito. En América despertaba un cierto rechazo: era arisca, homosexual y alcohólica, pero sobre todo la crudeza de sus personajes, tan despiadados y moralmente ambiguos y a la vez tan sumamente humanos y reconocibles, asustaba. Europa siempre acogió mejor su obra y, finalmente, la escritora se instaló en Suiza donde murió hace siete años.

    La obra de esta maestra da desde luego para una docena de posts. Además de la mencionada Extraños en un tren, tiene otros títulos imprescindibles como El grito de la lechuza, La celda de cristal, Crímenes imaginarios, Once, A merced del viento, Crímenes bestiales o Los cadáveres exquisitos. A mí de Highsmith me gusta todo, y si le tuviera que poner alguna pega, me costaría mucho encontrarla. Al revés que lo que ocurre con Agatha, aquí la profundidad de los personajes es abismal, tanto que asusta. “Patricia ha creado un mundo original, cerrado, irracional, opresivo, donde no penetramos sino con un sentimiento personal de peligro y casi a pesar nuestro”, dijo de su obra otro gigante, Graham Greene.

    El talentoso Tom

    De entre toda su galería de amorales criaturas, el más conocido es sin duda Tom Ripley, uno de los psicópatas más carismáticos, sino el que más, de la novela negra. Mucho antes de que naciera el Doctor Lecter, Highsmith creó en Ripley el personaje de un asesino cultivado, amante de las delicatessen, educadísimo y de mente brillante, con el que el lector no puede por menos que simpatizar pese a lo horrible de sus crímenes.

    Ripley, del que Patricia escribó cinco novelas, se hizo también muy popular gracias al cine: desde el Alain Delon de A pleno sol hasta el Matt Damon de El talento de Mr. Ripley, el Denis Hopper de El amigo americano o el John Malkovich de El juego de Ripley, son muchos los actores que han puesto rostro al personaje. A mí personalmente la primera de las obras de la serie, El talento de Mr. Ripley, que se publicó en 1955 y fue multipremiada, me gusta muchísimo más el resto, donde el criminal ya disfruta de una gran posición social y económica.

    Ripley es un falsificador, con un gran talento innato -y que además cultiva ensayando constantemente- para suplantar identidades, voces, firmas, caligrafía y gestos. Aburrido de su Nueva York natal y de sus perspectivas limitadas, aprovecha una confusión propiciada por una chaqueta prestada para embarcarse rumbo a Europa en busca de Dickie, un presunto ex compañero de escuela que vive a lo grande en el sur de Italia y no quiere ni oir hablar de volver a América para retomar el negocio familiar.

    Una vez en la costa amalfitana, con todos los gastos cubiertos por la desesperada familia de Dickie, Tom Ripley se enamora de los paisajes, del despreocupado estilo de vida de Dickie, y del propio y carismático Dickie. Este, volátil y adorado por todos, toma a Ripley y su cheque en blanco familiar como mejor amigo durante unas semanas, las mejores de la vida de Tom. Luego, simplemente, se aburre, y va poco a poco dejándolo de lado y dehaciendo el lazo que les une, situación que desespera a Ripley, que a su vez reacciona como un amante despechado y provoca aún más rechazo. Las páginas en las que se describe el progresivo desapego de Dickie con el protagonista, infestadas de pequeños detalles que incomodan al lector por su reconocible crudeza, son de las que más me gustan del libro.

    El suplantador

    Finalmente, cuando el adiós ya es irreversible e incluso la familia de Dickie le ha retirado a Ripley los fondos porque sospechan que en vez de convencer a su hijo para volver lo que está haciendo es divertirse, Ripley simplemente mata a su compañero. Aprovechando el desorden en la vida de Dickie, que saltaba de ciudad en ciudad y era sumamente informal, el protagonista suplanta al muerto y se instala en Roma falsificando su firma en el banco. Aquí Highsmith demuestra también en cada detalle su amplio conocimiento de la psicología del psicópata: Ripley es temerario minimizando los peligros a que se enfrenta, coquetea con el desastre varias veces por su convencimiento de que no le atraparán, y su remordimiento se limita a lo que considera que ha perdido (Dickie), pero culpa de todo únicamente a la actitud de este.

    Prácticamente toda la segunda mitad del libro está dedicado a la vida de Ripley como suplantador, con otros crímenes que el protagonista se ve ‘obligado’ a cometer para preservar su libertad. ¿Y al final? No le atrapan. Highsmith premió a su amoral criatura no solo con la libertad, sino con una ascenso vertiginoso en la escala social.


  • Convive cuatro meses con dos cadáveres

    Durante cuatro meses, Francisco compartió piso con dos cadáveres:  para agravar las cosas, eran sus víctimas, y para agravarlas aún más, eran sus padres. Fregaba constantemente con lejía, ponía paños bajo las puertas y compraba ambientadores, todo para evitar que el olor invadiese la escalera de vecinos y se descubriera el pastel. A la par, cobraba la jubilación de su fallecido padre, lo que obviamente es otro delito contra la Seguridad Social. Sucedió hace cuatro años en L’Hospitalet de Llobregat.

    “La situación se me fue de las manos”. Francisco lo resumió así en la Audiencia de Barcelona, donde se le juzgaba por haber matado a sus padres a puñaladas. Agobiados por las deudas, obligados a hipotecar y malvender el patrimonio familiar, la familia iba tirando más mal que bien hasta el día del crimen.
    Tras este y pasados unos meses de lúgubre convivencia en los que si le preguntaban siempre decía que las víctimas estaban fuera, el acusado fue a vivir con su novia y dejó allí los cadáveres, hasta que la policía, varios meses después, entró en la casa con una orden judicial y los encontró.
    Sus abogados piden que se le condene a 14 años por homicidio, la fiscalía pide casi el triple.


  • wood Natalie Wood, ¿caso cerrado?

    Era harto conocido que tenía pánico al agua -hasta tal punto que las escenas acuáticas se convertían en un auténtico suplicio durante los rodajes como Esplendor en la hierba-, se decía que porque una pitonsia le había pronosticado que moriría ahogada.

    Pero pese a que era de las que no se metía en el mar ni hasta las rodillas,  murió ahogada a los 43 años en un extrañísimo accidente marítimo. Natalie navegaba en el yate The Splendor en compañía de su marido Robert Wagner, con el que mantenía una tempestuosa relación, y con su compañero de reparto y según las malas lenguas también amante, el por otra parte siempre inquietante Christopher Walken. Además, les acompañaba el capitán del barco.

    Un bote en aguas oscuras

    Tras una cena amenizada en el puerto regada con mucho champán y amenizada con una acaloradísima discusión, embarcaron en The Splendor y cada uno se fue a su camarote. Wagner advirtió al resto que Natalie había desaparecido junto con un bote. La encontraron, ahogada y vestida con una bata y con calcetines, presuntamente ahogada por accidente tras ingerir una gran cantidad de alcohol.

    Sobra decir que se sospechó, y bastante, de los dos supervivientes de este triángulo amoroso que recuerda en cierto modo la ópera prima de Polanski, la polaca y extraña El cuchillo en el agua. Pero no se pudo probar nada, y, pese a las protestas de la familia de Natalie, que manifestaban que ella no se hubiera internado sola en un bote de noche en mitad del mar ni harta de vino -al parecer esta condición la cumplía con creces-, se cerró el caso.

    Hablamos de 1981: ahora, 30 años más tarde, y tras expresar sus dudas el capitán del barco, se ha reabierto la investigación, pero por falta de pruebas, el caso está a punto de cerrarse de nuevo.


  • agatha-christie1 Agatha

    “Espero que no te los leas los tres seguidos, porque sino la pobre tía Agatha no quedará en un gran lugar”. Eso me dijo super Paco Camarasa la última vez que estuvimos en la Negra y Criminal, la librería imprescindible para los amantes del género, de intrigantes horarios, en la Barceloneta. Nos llevamos Crímenes, del penalista alemán Ferdinand von Schirach (que por cierto es buenísimo), Los amigos de Eddie Coyle y el libro que provocó el comentario, Asesinato en Mesopotamia, de Christie.

    Estuve rumiando un buen rato sobre la mala fama que tiene Agatha Christie entre gran parte de los amantes del género, y sobre si esta era merecida o no.  No he llegado a una gran conclusión. Se la acusa de simplona y lineal a nivel redaccional -hay poco que alegar a esto, excepto que cabe la posibilidad que lo hiciera voluntariamente para captar más lectores; además esa simpleza la convierte para mí por lo menos en una de las pocas autoras a las que puedo leer en inglés sin problemas-. Más fea aún es la simplicidad psicológica de sus personajes, que tan ricamente podríamos intercambiar entre sus novelas: siempre están el coronel retirado, la heredera guapa, la institutriz de gran sentido común, el doctor… todos superbritish claro menos el mucho más interesante Poirot, el único que parece tener tres dimensiones de toda la galería de personajes que forman el reparto habitual.

    También se le suele echar en cara que algunas de sus tramas están pilladísimas y que se saca conejos de la chistera, y también a esto hay poco que alegar; sin duda a mí lo que más me irrita de ella son las explicaciones a última hora 1.000% imposibles de adivinar para el lector: es que de niña vivió en la India y fue la institutriz de la víctima, por eso ahora se ha vengado, etc. ¡ESTAFA! los datos que no están sobre la mesa sientan fatal al lector que lleva 150 páginas intentando adivinar el culpable con la información que tiene. Eso sin duda Agatha lo hace y mucho.

    Otro tic irritante son lo fantasiosas de algunas de sus explicaciones: era un tío disfrazado de mujer, pero como llevaba una bata muy llamativa nadie se fijó en que era un tío. Hombreeeee. Pillado.

    Diez Negritos y La venganza de Nofret

    Sin embargo, sin duda tiene muchísimo encanto porque el conjunto de su obra es, creo que tras la Biblia y quizás la de Shakesperare, la más leídas del mundo. Y a mí desde luego me gusta muchísimo, sus tramas, personajes y fórmulas tan repetitivas, cómo juega con el punto de vista, ese ambiente tan británico con sus menús aburridísimos y su feísmo. De los tres libros que más veces he releído -unas cinco o seis cada uno-dos son de Christie: Diez negritos y Death comes as the end (en español, La venganza de Nofret). Me fascinan muchísimo ambos, y eso que también tienen su dosis de explicaciones ‘pilladitas’ de siempre, porque Agatha me parece única para crear expectación, y cuando la trama aguanta con pocas fisuras, los libros le salen redondos. Además, me parece que en ambos juega bastante limpio,  es decir,  es posible adivinar el autor -en el caso de la segunda-, o la trama -en la de Diez Negritos.

    Las historias son muy conocidas: los diez negritos son una decena de invitados a una pequeña isla, que son de todo menos bien recibidos, y van cayendo uno a uno por crímenes de su pasado por los que no fueron condenados en su día. La segunda, ambientada en el Antiguo Egipto, empieza cuando el viejo patriarca vuelve al hogar de un viaje con una nueva concubina que pondrá la casa patas arriba: muy pronto es asesinada, y quienes la trataron mal empiezan a caer como moscas, presuntamente atacados por su espíritu.

    En general, se considera La ratonera, El asesinato de Roger Ackroyd y Asesinato en el Orient Express como sus tres mejores obras. Personalmente, la única conclusión que he sacado es que quizás Agatha escribió demasiado para ser considerada buena; si hubiera dejado solo media docena de sus mejores obras, probablemente la crítica la mimaría más.


  • arabiasaudi Bruja del siglo XXI

    Una mujer acusada y ejecutada… por brujería. Podría estar hablando del reinado de Felipe II pero fue esta semana. En Arabia Saudí, cómo no. La procesada tenía 60 años y vendía hierbas medicinales.


  • Pasar la noche de Navidad en la morgue

    Si es triste fallecer el día de Navidad, más triste es despertarse al día siguiente en la morgue. Le ocurrió a un anciano de 89 años, ingresado en el hospital Moisès Broggi de Sant Joan Despí. El paciente, que sufre un cáncer terminal, entró en coma y , ante la ausencia de movimientos respiratorios y piel fría y violácea, le tomaron por muerto.

    Avisada la família y expedido el certificado de defunción, el ‘cadáver’ se trasladó a la morgue. Durante la madrugada, el hombre despertó, ante el espanto de todos -personal sanitario, la familia y desde luego él mismo-. El paciente ha vuelto a planta, y no son pocos los que han insinuado que la política de recortes en los hospitales puede estar detrás de este tipo de sustos…



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